|
||||||||
Julia Rodríguez Larreta
Nadie duda que enfrentamos una recesión mundial aunque los índices todavía no lo reflejan, por la inercia y la demora con que se compilan y se publican las estadísticas. Ya Francia, la segunda economía de Europa, acaba de confirmar que su país ha entrado en un período de crecimiento negativo. Pronto se sumarán otros países. La gran pregunta es si será sólo una recesión o entramos en una depresión, de consecuencias difíciles de predecir.
Hay sin embargo una constante histórica bastante estable y es que, en Estados Unidos, el partido gobernante pierde la elección cuando ésta tiene lugar en tiempos de contracción económica. Un ejemplo para recordar es cuando Bush padre perdía la campaña contra Bill Clinton, que acuñó aquello de: "Es la economía, estúpido", explicando por qué triunfaba en las encuestas. Y eso que la recesión fue relativamente liviana y corta, y de hecho había terminado cuando la elección. Sin embargo, le ganó a un Presidente que acababa de salir airoso de un conflicto bélico, liberando a Kuwait de los invasores iraquíes, y a quien no le molestaba ningún escándalo o tema parecido. Además, era un Presidente que se postulaba para su reelección y tradicionalmente los votantes se vuelcan en favor del titular, con raras excepciones.
Algo más parecido a lo que sucede hoy, es lo que ocurrió después del "crack" bursátil de 1929, que sumió a Estados Unidos en una profunda depresión económica, de la cual recién salió a finales de 1941. En 1932 se celebraron elecciones presidenciales y Franklin D. Roosevelt, demócrata, derrotó por amplio margen al hasta entonces presidente republicano, Herbert C. Hoover. Durante la administración de FDR, se creó, entre muchas iniciativas, la "Securities and Exchange Comision" (Comisión Nacional de Valores). Esta agencia, cuyo primer y eficaz titular fue Joseph P. Kennedy (padre de John Kennedy), estableció una serie de salvaguardias y reglamentaciones, diseñadas para evitar un colapso similar. Durante casi 80 años sirvieron como baluarte de transparencia y protección en beneficio de los inversores, banqueros y corredores de bolsa, es decir, del sistema al que amparaba bajo su manto vigilante, permitiendo un desarrollo que nadie, ni en sueños, se podría haber imaginado. Se proveyó a la industria, al comercio, a los servicios y gobiernos, acceso a un inmenso y eficiente mercado de capitales.
Pero la codicia pudo más. Las reglamentaciones se fueron erosionando. Una excepción por aquí, un fallo judicial por allá, la devolución de un favor más adelante, una nueva forma de interpretar un código y, sobre todo, la negligencia de la SEC durante el gobierno de George W. Bush, terminó en el desastre actual. Es enorme la culpa de la SEC, por no calificarla de criminal. Pero fueron culpables muchos otros también. Políticos de ambos partidos, en postura populista, presionaban por el otorgamiento, cada vez más liberal, de préstamos para la vivienda a las agencias paragubernamentales Freddie Mac y Fannie Mae. A otras instituciones se las amenazaba con limitarles el acceso a ciertas ventajas y oportunidades, si no acompañaban esa política. Este comportamiento contribuyó a que muchas instituciones, ejecutivos y simples empleados, se lanzaran a dar malos préstamos .
Lo que complicó el seguimiento de este pródigo despilfarro fue que junto a las desregulaciones en los 90, comenzaron también a actuar los bancos de inversión y algunos bancos comerciales grandes, que no estaban bajo la supervisión del Federal Reserve. Se empaquetaban estos préstamos hipotecarios "subprime", en fideicomisos, fondos múltiples, para supuestamente, diversificar el riesgo y los vencimientos, los que luego se distribuían "urbi et orbi" a otras instituciones que dejaron de cumplir su mandato de inspeccionar lo que compraban. Cobraban suculentas comisiones y habían obscenas gratificaciones para los ejecutivos que lograban tan buenos resultados. Finalmente se pinchó la enorme burbuja inmobiliaria y entramos en la peor crisis económica financiera desde 1929, con un desempleo creciente, la pérdida de los ahorros de mucha gente y la destrucción de empresas.
Ergo, deberían ganar la Casa Blanca los demócratas este noviembre. ¿Obama será el próximo Presidente? Es inteligente, muy carismático y preparado, y las encuestas lo muestran como favorito. Lo que hace incierto este resultado es el tema racial. Para muchos, que el futuro Presidente sea un negro es algo ya superado; para otros, sigue siendo un asunto de difícil digestión. En algunos casos, la persona ya ha encontrado excusas como, su contacto con la religión musulmana cuando joven o su amistad con un pastor evangelista de corte radical. Algunos buscan justificaciones racionales, pero en realidad puede ser un prejuicio visceral lo que los lleve a votar por la otra opción.
| « volver |